La delgada línea del tiempo
La oscura memoria de las armas es la última novela hasta la fecha de Ramón Díaz Eterovic, publicada como las anteriores por LOM. Heredia comienza la historia agotado por la cesantía forzosa a la que se ha visto obligado por la ausencia de casos que investigar. Pero siempre hay quien necesita al mejor sabueso de Santiago “por dos pesos”, y en este caso es una profesora que no está de acuerdo con la investigación que la policía ha hecho a raíz de la muerte de su hermano a manos de unos ladrones a la salida de su trabajo. Esta muerte aparentemente casual esconde más de lo que se pudiera sospechar y como excusa, le sirve a Heredia, y al narrador, para escarbar en un pasado que no por lejano está cerrado. Aparece así uno de los temas predilectos de Díaz Eterovic, las heridas abiertas y mal curadas que causó la dictadura. Ya lo destaca en la cita que antecede la historia “(…) y un pasado que nunca será lo suficientemente lejano para olvidarlo”, tomada del reconocido escritor cubano-uruguayo Daniel Chavarría.
Díaz Eterovic, en la mejor tradición del género negro clásico, directamente importado de EE.UU., toma como excusa los pasos de Heredia para indagar en los peores recuerdos que guarda la ciudad, relacionados con Villa Grimaldi y algunos lugares similares, y con los militares que aún no han aparecido en ningún informe o juicio. Pero más allá de sonar a más de lo mismo o a discurso revanchista, la historia se encarna en personajes individuales y concretos, personajes anónimos y cotidianos, como los hay en cualquier ciudad y rincón del mundo, que simplemente vivieron y pensaron de forma diferente en el peor momento posible. Esta característica otorga a la novela un mayor poder dramático, por un lado, y un mayor poder simbólico y universal, por otro. Tal vez, en Chile aún no se ha hecho verdadera justicia por lo que ocurrió, y por eso Heredia siente rabia y frustración, pero más importante aún es la llamada de atención que nos envía a los lectores, para que una historia así no vuelva a repetirse.
Cabe añadir, por último, otra importante cualidad de las novelas de Díaz Eterovic, su ironía y sentido del humor. Muchos autores de novela negra son reconocidos por sus tramas y por su dominio de las técnicas narrativas, pero no todos crean diálogos irónicos e incisivos. Heredia no solo es un sabueso viejo y cansado, es todo un compendio de sabiduría popular y un gran conversador:
“—Primera vez que estoy cara a cara con un detective privado –dijo-. Hasta que recibí su llamada estaba convencida que gente como usted no existía.
—Existimos en las novelas y a veces asomamos nuestras narices en la vida real, o viceversa. Pero no se asuste, cuando trabajo no muerdo. Reservo los mordiscos para ocasiones más íntimas.”